Rompiendo moldes. Así es la Primera Dama de Francia

La historia de amor comienza en Amiens, al norte de Francia. Brigitte, hija de una familia burguesa de reputados chocolateros, trabajaba como profesora de literatura en un colegio privado católico de la ciudad. Por entonces estaba casada con un banquero y tenía tres hijos cuando conoció a Macron. Era uno de tantos alumnos. Tenía 15 años y se enamoró perdidamente de su profesora, 24 años mayor que él. Se apuntó al taller de teatro que ella impartía y pasaba los viernes en su casa ensayando, ante su marido, al que esta presencia no le pareció sospechosa porque era habitual ver a los alumnos por la vivienda familiar. Pero aquello fue a más.

macron

Trascendió al claustro de profesores, fue la comidilla de la ciudad y llegó a los oídos de los padres del alumno, que en principio se opusieron a esta relación. Él era menor de edad y los padres “cortaron por lo sano”. Se llevaron a París al adolescente a cursar en el Liceo el último curso de secundaria. Y cuentan que el joven alumno con 17 años le dejó escrita una carta de despedida en la que decía. “Hagan lo que hagan, me casaré contigo”. Y llegó la separación. Ella siguió con su vida, con sus clases, su marido y sus hijos. Él con la suya. Se preparó, se formó, trabajó en la banca privada y en el gobierno y años después se volvieron a reencontrar.

En 2006 ella finalmente se separó de su marido y un año después la pareja se casaba en una villa tipo “belle époque” propiedad de la familia Trogneux. Se instalaron en París. Ella siguió dedicada a la docencia en un instituto, que luego dejó para seguir la aventura política de su marido.

Espontánea y nada convencional

No cobra sueldo de asesora pero Brigitte es la responsable de la vertiginosa carrera política de Macrón que “mueve los hilos de la campaña” abiertamente. Y con ella, sus tres hijos (dos de ellos mayores que Macron), participan activamente en los actos electorales del candidato. Sébastien, es ingeniero y dirige la campaña en las redes sociales; Laurence es cardiológo y controla el seguimiento médico y el estrés del candidato; y Tiphaine es abogada y se encarga de los actos electorales. Entre los tres tienen 7 hijos a los que Macron considera sus propios nietos.

Una familia numerosa y variopinta donde cada uno tiene su papel y controlando todo Brigitte. Capaz, dicen los que la conocen, de hacer de un aburrido acto de partido un evento entrañable. Amigos suyos que ahora andan vertiendo sus experiencias por los medios franceses la definen como una persona con la “cabeza bien amueblada y los pies en la tierra”.

Culta, inteligente, espontánea, muy dulce, poco convencional, supersticiosa y un poco aventurera. Son algunos calificativos con los que trazan el perfil de esta mujer de aspecto frágil y carácter fuerte que podría convertirse en la primera dama de Francia. Hace apenas un año los españoles repararon en ella cuando apareció de la mano con el entonces ministro Macron durante la visita de estado que los reyes realizaron a Francia. Quienes les vieron subrayan que la pareja irradiaba carisma, simpatía y mucha complicidad.

Las otras primeras damas

Brigitte Trogneux llega con un estilo distinto al Eliseo. No llega como “mujer florero” ni como figura secundaria desdibujada tras el papel del presidente, y la prensa ya la ha bautizado como “La Obama Francesa”. No es discreta, no ha tardado en conceder entrevista a Paris Match y cohabita perfectamente con micrófonos y cámaras de televisión.

Rompiendo tópicos le saca dos décadas a su marido, cuando las primeras damas siempre han sido más jóvenes que ellos. La última y tercera compañera del presidente Francois Hollande, la actriz de televisión, Julie Gayet, 20 años más joven que él no tuvo un status oficial y de hecho en la visita que hizo a Washington con Obama el presidente acudió sólo.

Gayet no tuvo fotos oficiales pero sí muchas oficiosas y su “affaire” sentimental fue portada de periódicos y revistas del corazón sobre todo cuando el presidente galo fue pillado “in fraganti” con casco y moto a las puertas del apartamento parisino donde la pareja se encontraba a escondidas cuando todavía convivía con la periodista Valerie Trierweiller, que despechada compareció en los medios de comunicación. Pero sin duda la primera dama “más famosa” fue la cantante y modelo italiana Carla Bruni. Como esposa de Sarkozy, disponía de una oficina y secretario en el palacio presidencial.

Aunque no tenía un papel bien definido en el plan constitucional, ella como sus antecesoras, se dedicó a tareas humanitarias y acompañaba y representaba al presidente en actos y visitas oficiales. Le acompañó en la visita al Reino Unido, donde fueron recibidos por Isabel II o en el viaje oficial que el matrimonio Sarkozy realizó a España en 2009.

Fuente : Cadena SER

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